El Tubo de Zaragoza

A mis abuelos, Nicanor, Luis, Irene, Palmira, con quienes paseé El Tubo.

Tubo, eres estrecho, vetusto, castizo, tienes revista, cabaret, tapas y las papas del Texas.
Hoy te veo vacío, sin gente en tus calles, sin murmullo, está nublado, me adentro en tí.
Aprovecho a recorrer de nuevo tus calles despacio, muy despacio, quiero revivir momentos inolvidables. Cinegio, Estébanes, Blasón Aragones, Pino, Libertad, Ossau, Mártires, la Plaza de Sas… Vuelvo a sentir tu olor a calamar, gambas, ajo…

Paso junto a Casa Lac, uno de los restaurantes más antiguos de España, que vive en Zaragoza desde 1825 y que ha acogido a ilustres visitantes en sus mesas.
No tardan en llegar a mi mente los recuerdos de una época anterior de la mano de mis padres o abuelos, mirándote y pensando que algún día te hablaría, te contaría a solas cómo me gusta pasearte, olerte, tocar el ladrillo de tus edificios antiguos, admirar tu solera y disfrutar de cada rincón, pisar las baldosas de tu suelo roto por el paso del tiempo.
Echo de menos a los salones de limpiabotas, a Serafina, que fue cigarrera de muchos zaragozanos, con su mueble de madera apoyado en la pared . Recuerdo su exposición de las marcas que por aquél entonces mucha gente fumaba y esa silla que ella guardaba libre para todo aquél que quisiera compartir a su lado un cigarro, un purito, o su historia, la misma que años después, ha inspirado la figura de un nuevo cabezudo en su honor.
Veo en ti a Labordeta, nuestro insigne cantautor, los cachirulos en el cuello de la gente, banderines en los balcones, son las fiestas del Pilar.
Me acuerdo de los baturros, la muchedumbre chocando entre si para llegar a los bares en los que costaba entrar, pero entraba, y de los que nunca quería salir, pero salía, para continuar la rondalla.

Hoy estamos solos, pero escucho el eco de las jotas de Don José Oto, que siempre suenan en las entrañas de todo zaragozano que presume de lo suyo y de su ciudad cuando te visita.
Eres punto neurálgico de foráneos y lugareños en el que el gusto por lo bueno se convierte en una rica tapa y una copa de vino. Aragonés.
Tubo, todo ha cambiado, pero todo sigue igual en ti. La gente ha vuelto a llenar tus calles. Los niños de ahora, experimentan las vivencias que mañana recordarán. Ojalá te guarden tanto cariño como el que yo hoy te cuento a solas en este día de enero, de muchos años después.

Julio Antonio Vicente Navarro

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4 pensamientos en “El Tubo de Zaragoza

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