Le hablo a La Puerta del Carmen

Dedicado a todas las personas que están paseando a mi lado Zaragoza.

Avanza el mes de febrero de este año 2016 tan incierto en lo meteorológico. Continúo mi paseo, cada vez más acompañado y motivado. Hoy, he decidido a contemplar un monumento al que admiro por ser testimonio de algunos de los momentos más importantes vividos en Zaragoza. La Puerta del Carmen. No es muy grande, pero posee un enorme valor sentimental para los zaragozanos, lo que la hace inmensa a los ojos de quienes la miramos siendo conocedores de su historia. Llego hasta ella, me sitúo en la mediana que separa los dos carriles de circulación al final del paseo de Pamplona. He querido hacerlo a primera hora del día para poder hacerle fotos a ella sola, sin tráfico. Levanto el gesto, la mirada, y le hablo.

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Foto tomada el 20 de febrero de 2016

Eres neoclásica, construida en 1789 por el arquitecto Agustín Sanz, siendo inaugurada en el año 1792. Formaste parte del grupo de puertas romanas y medievales de acceso a la ciudad, aunque a ti te dejaron sola, entre el actual Paseo de Pamplona y el de María Agustín. Para los zaragozanos eres nuestra puerta del tiempo por todo lo que has vivido. Tu estructura de arco del triunfo romano con parte central y dos puertas menores a tus lados, simula las construidas en ciudades como París y Madrid aunque en menor escala.

Ostentas el título de monumento nacional desde  1908, año en que  se celebró en Zaragoza la exposición hispano- francesa y además, estás considerada bien de interés cultural aragonés lo que te convierte en uno de los símbolos de la ciudad y destino de quienes nos visitan.

Te confieso que veo en ti algunos de los rasgos característicos de los zaragozanos, tal vez te los debamos, por eso, hoy te los quiero contar.

Quienes nos conocen, dicen que los maños somos duros. Yo digo que somos duros como las piedras que componen tu figura.

Llevamos fama de resistentes  como tú lo  has sido a varias guerras e incluso a la colisión de aquél  autobús que el 23 de febrero de  1997 estuvo a punto de derrumbarte. No solo resististe, sino que fuiste embellecida tras la rehabilitación que te reforzó  y engalanó para seguir viviendo en la ciudad que te mira  desde hace tanto tiempo.

Los zaragozanos somos considerados abiertos con los visitantes, como abiertas están tus tres puertas a la ventana del momento presente en el que ahora,  la ciudad se moderniza en tu entorno.

Eres los ojos que miran a conjuntos clásicos como el de la Facultad de Medicina y a los más modernos como el Museo Pablo Serrano, ambos a cada uno de tus flancos.

Llevas el nombre de Carmen, una de las heroínas que durante los sitios contra los franceses, defendió Zaragoza desde tu posición y que fue vecina del popular barrio de San Pablo en donde el destino ha querido que yo viva ahora.

Durante la guerra de la Independencia, llegaste a ser  francesa, aunque por poco tiempo. Frente a ti, se libró uno de los episodios más cruentos de los sitios, la Batalla de las Eras. En los suelos del Campo Sepulcro, están enterrados centenares de soldados franceses que no consiguieron cruzarte porque los zaragozanos, desde donde te encuentras, defendieron el acceso a la ciudad durante el primero de los sitios de Zaragoza.

En otro momento de la historia, tras la primera guerra carlista de 1838, los soldados y el Requeté de Cabañero, te eligieron para entrar en Zaragoza al grito de su trilema permanente, DIOS, PATRIA, REY, aunque poco después, tras el retorno del ejército isabelino a sus cuarteles, huyeron de la ciudad y de sus pobladores, que les combatieron heroicamente con escasos medios, aunque con gran valentía.

Al hacer las fotos de esta entrada observo los numerosos disparos que están incrustados en ti, por un lado los de las tropas que nos querían invadir y por el otro el de los defensores. Hoy los miro, y me duelen, siento cada uno de ellos en carne propia.

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Detalle de los disparos incrustados en la estructura

En la actualidad vives rodeada de coches, autobuses, sirenas de servicios de urgencia, claxons, ruido, mucho ruido, pero sigues quieta, inamovible al paso del tiempo.

No tendrás la grandeza de  la puerta de Alcalá o  la de Saint Denis, pero eres nuestra, maña hasta la última piedra y querida por todos a los que nos has visto crecer y alguna vez, hemos deseado cruzar tu umbral para  abrazarte. Tus ojos me hacen un guiño que respondo de igual manera, ambos sabemos que volveremos a vernos pronto.

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Imagen general tomada desde Paseo de Pamplona

 

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