Un paseo por La Plaza de San Carlos

Dedicado a las personas que como lo fue mi abuela Irene, han sido desahuciadas de sus hogares y en memoria de todas las mujeres ancianas que un día de invierno de comienzo de los años ochenta, se dijeron adiós para siempre en la Plaza de San Carlos de Zaragoza.

Es grande la curiosidad que últimamente siento por conocer todo lo que se encuentra en mis raíces. Mis padres son de la capital y no hemos tenido por tanto un pueblo sobre el que investigar acerca de sus orígenes ó historia. De ahí, que me ponga hoy los zapatos para recorrer algunas de las calles de Zaragoza por las que he paseado con ellos de su mano cuando era un niño, escuchando historias y recuerdos.

En pleno centro de la ciudad, en el entorno de San Vicente de Paúl y la calle San Jorge, llego hasta  la Plaza del San Carlos, donde se encuentra La Casa de los Morlanes, edificio que actualmente recibe un uso municipal  y que data del siglo XVI. La construcción del edificio no tiene una autoría oficialmente reconocida, aunque todo apunta a que uno de los miembros de la familia, Gil Morlanes el viejo, fuese quien la realizó. La decoración de yeso de su fachada principal se terminó en el año 1555 siendo esta la única parte original que se mantiene, ya que su interior, ha sido remodelado.

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Aspecto general de La Casa de Los Morlanes, fotografía tomada el 6 de marzo de 2016

Llego ante el edificio y observo los motivos vegetales y figurativos con guirnaldas y angelotes. Ignoro que representan en sí pero seguro que tienen algún sentido nobiliario. Hoy no le hablo al edificio o al lugar, hoy hablo conmigo mismo porque aquí hay historias personales que deben conocerse.

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Motivos figurativos.- Fotografía tomada el día 6 de marzo de 2016

Mi padre Julio creció en una vivienda del edificio que es contiguo a La Casa de Los Morlanes, con sus padres Irene y Nicanor. La vivienda está ocupada actualmente por oficinas. Me escuece en el alma recordar cómo mi abuela Irene y un montón de personas muy mayores tuvieron que abandonar el que era su hogar de un día para otro, porque según la versión oficial, el edificio amenazaba ruina. Miro el edificio, su estado general y conjugo sentimientos de alegría porque sigue en pie y de pena por todo lo que aquí se quedó  para mi abuela Irene y para mi padre, quien por entonces, había formado su propio hogar. Dudo sinceramente que el motivo alegado para el desalojo fuese verdad. Las personas que vivían aquí, no pudieron hacer nada, salvo resignarse. Decenas de mujeres, viudas  en su mayoría, se separaron para siempre en ese momento. Hubo tristeza en la despedida, toda una vida juntas, truncada repentinamente. Es historia de este lugar, que debe conocerse.

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Vivienda referida en el artículo, fotografía tomada el día  6 de febrero de 2016

El destino dispuso que La Iglesia que se encuentra frente a La Casa de los Morlanes, el Real Seminario de San Carlos, fuese el Templo en el que mis padres Charo y Julio contrajeran matrimonio. Como ves, este sitio ha jugado  un papel importante en mis orígenes. Veo natural que cuando estoy aquí, me sienta viajar con la imaginación a aquellos momentos y que las emociones, fluyan en honor a mis antepasados.

La Iglesia de San Carlos es Bien de Interés Cultural del Patrimonio Histórico de España. Fue levantada en el siglo XVI sobre el solar de la  Sinagoga Mayor medieval como Colegio, claustro e Iglesia de La Inmaculada. El ilustre Jesuíta Baltasar Gracián vivió entre sus celdas desde donde enseñó su pensamiento  pesimista de estilo barroco.

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Entrada a la Iglesia de San Carlos Borromeo

Tras la salida de la Compañía de María, en 1767 el conjunto  se convirtió en el Real Seminario de San Carlos Borromeo, adquiriendo el nombre en honor a Carlos III. Toda la fachada es de ladrillo. Al documentarme, he leído que fue restaurada en el siglo XVII tras sufrir un incendio. En su interior, se encuentra el mejor arte barroco de la ciudad que es digno de apreciarlo en vivo. No he podido fotografiarlo para ti, te invito a que te acerques a observarlo. De este lugar, han salido sacerdotes que han gestionado Iglesias de toda España y de América.

Mi padre, al conocer que voy a hacer esta entrada me cuenta que en su Plaza de San Carlos, había una tienda, la del Fidel Laiz, que vendía hielo durante el verano y que servía algunos de los mejores vinos y licores que se podían comprar en la zona. Este es de los pocos recuerdos que me vienen a la memoria, yo era pequeño pero te prometo, que percibo el olor a licor que había en ese lugar. Es parte de los aromas que no se olvidan porque se relacionan con episodios de nuestra vida.

Él también me detalla su recuerdo sobre los serenos de la ciudad, que se reunían en este mismo lugar como punto de partida de sus jornadas nocturnas.

No he vivido en esta plaza, pero he escuchado hablar de ella a mis mayores hasta el punto de sentirme testigo directo de su pasado. Aquí se ha gestado parte de la historia de Zaragoza y de mi propia familia.

Ojalá pueda hacer muchos más paseos hasta este lugar y volver a descansarlos en alguno de los bancos que se encuentran en la plaza mirando hacia el que fue hogar de parte de mis antepasados,  del que nunca debieron salir, en una de las zonas más nobles de Zaragoza. Nuestra ciudad guarda en cada rincón un pedazo de historia conocida y otro pedazo por conocer. Hoy, he cumplido con mi conciencia al contártelo. Gracias por tu atención.

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8 pensamientos en “Un paseo por La Plaza de San Carlos

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