Mercado Central de Zaragoza

Quiero expresar mi apoyo al pequeño comercio que ha estado, está, y estará a nuestro lado si les ayudamos. En Zaragoza sobreviven negocios, algunos de ellos centenarios, que llenan las calles y nuestras vidas con productos de calidad y con un trato al cliente especial que solo se encuentra en sus establecimientos.

Admiro a quienes se levantan de madrugada para ir a trabajar. Tal vez sea porque yo lo he hecho durante muchos años y conozco bien el sacrificio que supone. Me acuerdo de todas esas personas especialmente en los días fríos de invierno, cuando la manta no quiere abrir paso al nuevo día sino que tienta con seguir abrazándonos al calor del hogar. Conozco de cerca la vida de algunos de los minoristas del Mercado Central de Zaragoza. A ellos y ellas, les dedico la entrada de hoy como homenaje a su sacrificio diario para hacernos llegar lo mejor de la huerta, las granjas  o el mar.

Cuando era pequeño, acompañaba a mi madre al Mercado Central para comprar los productos frescos de nuestra tierra. Por una cuestión de tradición familiar, en casa de mis padres siempre hemos comprado el sabor de Aragón. Con el paso de los años, he querido mantener ese mismo principio así como las visitas al mercado para comprar los alimentos que consumimos en mi casa. Mis dos hijos me acompañan tal cual yo lo hice años atrás a mi madre, e incluso me ayudan a portar las bolsas que llevamos a casa con la compra. Quiero que vean que hay vida después de las grandes superficies, y que sientan nuestro mercado como suyo, porque eso nos ayudará a mantenerlo con nosotros muchos años más.

Para quien no lo sepa, el Mercado Central de Zaragoza fue diseñado en 1895 por el arquitecto aragonés Félix Navarro Pérez, e inaugurado en 1903. Se construyó para dar cobijo al mercado que se realizaba al aire libre en el lugar que ocupa en la actualidad. Cuentan que el arquitecto, se inspiró en el mercado de Les Halles de París, simulando su planta rectangular y su estructura de hierro con una combinación de cristal. Lo visten varias portadas en estilo neoclásico con galerías de arcos y decoraciones en alegoría a la caza, la pesca y el transporte. Las columnas de hierro representan frutas en racimo y palmas neoclásicas. El 22 de septiembre de 1986, de manos del entonces alcalde D. Antonio González Triviño,  abrió de nuevo sus puertas tras una intensa remodelación, de cuyo momento se conserva la placa que sujeta una balanza en la entrada central y que recojo en una de las fotos de este reportaje.

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Leyenda en la que se conmemora la reapertura del Mercado Central el 22 de septiembre de 1986

Te confieso que cuando entro al mercado y percibo su olor a mar y a tierra fundidos en la atmósfera vetusta y castiza del recinto, me envuelvo en el deseo de mirar, y comprar los productos que se exhiben en sus  puestos de venta.

En las horas punta, sus tres pasillos centrales rebosan de gente que viene desde distintos barrios y pueblos de Zaragoza. Es un hervidero de personas que me gusta contemplar en silencio. Veo a gente joven y mayor, mujeres, hombres, de otras nacionalidades y razas, todos ellos comprando alimentos. Hay varios puestos con productos traídos de otros países, lo que supone un atractivo añadido para la población inmigrante que se cuenta en gran número.

El mercando se encuentra bien comunicado con el tranvía y hay parkings para vehículos en sus proximidades. Además, su situación en pleno centro de la ciudad junto a las murallas romanas, hace que sea un punto de visita obligada para los turistas, que no pierden la ocasión de hacer fotos a los puestos y a sus productos y en ocasiones, de comprar!!!

Normalmente acudo siempre a los mismos establecimientos. Cada producto en el puesto que más le gusta a mi mujer o a mis hijos, quienes ya eligen en donde comprar las frutas, la borraja o las judías verdes y muchas cosas más, que nos encanta comer. Consumir alimentos frescos nos ayuda  a cuidar la salud. En el mercado Central vamos a encontrar buena fruta, carnes de procedencia de confianza y pescados subastados en las mejores lonjas del norte de España.

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Alegorías a algunos de los productos a la venta en el Mercado Central de Zaragoza

Durante el año hay varios momentos en los que el mercado adquiere una alegría que resulta especial. Uno es la semana de Pilares, en octubre, cuando el sonido a Jota aragonesa suena por la megafonía y se escucha en todo el recinto. No falta ocasión en la que algún vendedor y jotero, se contagia del momento para cantar  una jota haciendo a los visitantes un regalo difícil de explicar si no se es de esta tierra. Recuerdo a mi amigo Manolo cantándose una jota al medio día con su puesto de carnes lleno de gente.

En Pilares, el mercado suena a Zaragoza, a Aragón, se llena de  cachirulos y muestra con orgullo imágenes de La Virgen del Pilar, quien preside los puestos que se engalanan para la ocasión. Esa semana voy a diario al mercado, y salgo con la compra y con una fuerza maña que no hay quien la enfrente en lo que queda del día.

Otro momento importante del año que altera la vida del mercado, es cuando se cuelga el espumillón, se enseñan los belenes y se cantan los villancicos que se escuchan por Navidad. Las caras de los vendedores contagian alegría y eso se traslada a los clientes. Reina entonces un ambiente entrañable que consigue que me traslade a mi infancia cuando cogido de la mano de mi madre, esperaba a su vera a ser atendidos para comprar los alimentos con los que preparar la cena de la nochebuena. Resuena en mis oídos ese ¡Feliz Navidad! con el que se terminaban las compras. Junto a mi madre aprendí a pedir la vez y a respetarla así como a hacerla respetar. La vida dentro del mercado hace que nazcan  momentos en los que se establecen relaciones de confianza y amistad con los vendedores, gentes trabajadoras.

Estoy orgulloso de contar con un Mercado Central tan elegante. Creo que se merece un mejor trato por parte de las autoridades de esta ciudad para que se mantenga dignamente por mucho tiempo, alimentando a la ciudad que le levantó hace más de 100 años.

En nuestro mercado no se fía, en nuestro mercado, se confía.

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10 pensamientos en “Mercado Central de Zaragoza

  1. Todo lo que dices es verdad pero ,por desgracia siempre vamos a lo rapdo y no miramos calidad .
    Yo tengo productos que compro en pequeños comercios por su calidsd pero otros muchos voy a grandes superficies por … creo que es rutina.

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  2. Desde el Mercado Central le agradecemos este artículo tan emotivo, y utilizo esta palabra, porque yo soy una de esas personas que todos los días intenta atender a sus clientes con la mejor sonrisa, y en estos momentos en los que el comercio de proximidad necesita tanto apoyo, me alegra encontrar a personas como usted que nos hacen seguir luchando, para que esta relación perdure, al menos, otros 100 años. Muchísimas gracias.

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