Zaragoza, capital europea del calor

El pasado sábado 30 de julio, Zaragoza fue la capital europea en la que se registró la temperatura más alta, con 42 grados Cº.

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Por un día, Zaragoza se convirtió en titular informativo europeo y fue nombrada en numerosos medios de comunicación. El clima de esta ciudad es extremo, no conocemos el término medio.  Está demostrado que el carácter de las gentes que viven en una ciudad, está muy relacionado con el clima que soportan, lo que hace que l@s zaragozan@s, seamos fuertes y resistentes a otros climas de cualquier lugar del mundo, porque aquí, o nos morimos de frío o de calor.

Pasear por Zaragoza el pasado sábado a las 16 horas, era lo más parecido a estar dentro de un horno, sin una mínima brisa en la que encontrar alivio ante el calor al que esas temperaturas queda sometido el viandante. No obstante, siendo que estaba recién llegado de mis vacaciones, y que le debía una visita a la Virgen del Pilar para darle  gracias por su protección, quise experimentar en mis propias carnes el insoportable infierno que soportaba la ciudad, cuál penitencia en agradecimiento por nuestro feliz retorno a casa.

El día era seco con una humedad relativa del cero por ciento. Al inhalar el aire, el calor me llegaba hasta los pulmones, que parecían calentarse con cada inhalación, hasta el punto de dificultar la respiración.

Al llegar a la Plaza del Pilar, me encontré la soledad más absoluta. Ni siquiera las palomas que habitualmente se encuentran en el lugar, se atrevían a asomar sus alas. Busqué en las sombras que generan las torres del Pilar y ahí estaban todas. Las más atrevidas, bajaban en vuelo directo hasta la fuente de Goya para darse un baño y volver a la sombra de inmediato. 

A lo lejos, observé como un grupo de turistas orientales, pertrechados con paraguas salían del Pilar. Se detuvieron, se miraron unos a otros  y echaron a correr hasta los porches del edificio de la Delegacion del Gobierno. Al llegar a la zona de sombra, se mojaron las cabezas sin dejar de abanicarse. Pasé a su lado. Pese a mis clases de chino, no alcancé a entender lo que decían, aunque si a comprender que estaban asados de calor, dados los gestos de sofoco que manifestaban. Una de las personas más mayores, se tiró literalmente al suelo boca arriba, le levantaron las piernas y le dieron todo el aire que pudieron. Dada su tez amarilla, no sé bien si recuperó el color o no. En ese momento, me acordé de la canción del gran Jose Antonio Labordeta, que dice aquello de “arremójate la tripa que ya viene la calor” y empecé a cantarla “por lo bajinis” para animar mi camino. En homenaje a nuestro ilustre cantautor, quise pasar por el Ayuntamiento desde cuyo balcón, Labordeta, nos regaló el pregón de las fiestas del Pilar de 2009. 

A dos metros de la imponente estatua de San Valero, que guarda las puertas de nuestro Ayuntamiento, se notaba un incremento de la temperatura al reflejar en su estructura el sol de justicia que en ese momento alumbraba el salón de la ciudad.

Me decidí a dar por concluida la penitencia y me dirigí al resguardo que sin duda ofrece El Pilar.

Cuando accedí a la Basílica, me pareció entrar en un frigorífico, lo que alivió la sensación de calor y me animó a estar en su interior un buen rato, como así fue. Paseé los andadores durante más de media hora y tomé asiento frente al retablo mayor de Damián Forment, junto a no pocos turistas que contemplaban absortos, la belleza del altar y de todo el conjunto.

Los visitantes que se disponían a salir del Pilar, parecían enfilar la puerta de salida antes de saltar al ruedo de una plaza de toros y se santiguaban, no se si como señal de despedida de la Virgen o preparándose por lo que iban a sufrir ahí fuera con el calor reinante que sabían que les aguardaba al otro lado de la puerta.

Tuve la ocasión de conversar con la familia Alonso, venidos desde Asturias. Los Alonso, que estaban de paso camino de Barcelona, iban a pasar el fin de semana en Zaragoza. Estuvimos conversando sobre los lugares típicos para visitar, y les recomendé un par de lugares en los que probar el sabor más castizo de Zaragoza. Cómo no, Casa Pascualillo y mi querido Texas, en la zona de tapeo del Tubo. También conversamos sobre el clima, y entonces les dije una frase que me gusta mucho y que me enseñó mi madre.

Para soportar en Zaragoza el calor, hace falta… Valor!

Me dijeron que Zaragoza estaba de moda en Asturias y que tenían previsto ir de museos para visitar el Camón Aznar con su espacio Goya y el Caixaforum con “settecento y los maestros italianos”. También les sugerí visitar el Museo Alma Mater que alberga dos exposiciones magníficas, una con el “Legado artístico del REAL SEMINARIO DE SAN CARLOS” y por otro lado, “La mirada del pintor, de Natalio Bayo”. No se lo pensaron, y me hicieron caso, les indiqué cómo llegar hasta la Plaza de La Seo. También les convencí para que cogieran un taxi que les llevase hasta el Caixaforum. Mis amigos los taxistas, ofrecen sus servicios en vehículos modernos y con temperatura controlada. Estoy seguro que los Alonso, no se arrepintieron de ello.

Al pasear por la calle Don Jaime, las filas en la heladería eran de consideración y los locales con aire acondicionado, estaban a rebosar de ciudadanos que no disponen en sus casas de refrigeración, en su mayoría personas mayores que con un refresco, guardan el local hasta que anochece.

La fuente de los innumerables mártires, en la Plaza de España, que estaba encendida, hacía que su entorno se convirtiera en “punto fresco de la ciudad”. Numerosos paseantes, refrescaban sus nucas con el agua que emana la fuente.

Tras una tarde “extrema” pero reconfortante por poder reencontrarme de nuevo con mi querida Zaragoza,  llegué a casa para ver que en el Telediario, éramos cabecera informativa! y quería verlo. Me acordé de los reporteros que trabajan para cubrir la noticia, pero sobre todo, de las personas que no tienen hogar en el que refugiarse del calor. En invierno, en Zaragoza, se reparte caldo y café caliente a los mendigos, pero en verano, todo queda a su suerte para soportar este calor que como les dije a mis amigos asturianos, requiere de valor, para soportarlo. 

No me olvido de las tormentas, que son sonadas nunca mejor dicho y que nos sitúan también en el plano informativo y en redes sociales como ciudad de rayos y centellas, de luz y de truenos que según dicen imitan el estruendo de los tambores de nuestra Semana Santa zaragozana. Respecto a la lluvia, te lo explicaré con un refrán propio. 

En Zaragoza, a partir de primavera , aguaceros de primera.

En estos dos videos, comprobarás muy bien lo que te digo.

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Ya he visto hojas secas en el suelo de los parques, el otoño se acerca y pronto nos llegará el frío, que también es extremo así como las intensas nieblas, pero esa es otra historia de la que te hablaré, si Dios quiere, en su momento.

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Por hoy acabo diciéndote que en Zaragoza, nuestro clima es extremo y que los maños lo sabemos, pero también sabemos que la belleza de nuestra ciudad es infinita.

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